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Té con galletitas

septiembre 18, 2008

Hace muchos años, en un bello país llamado Ecuador, vivían tres hermanos: dos niños, y una niña. Un día, después de regresar de la escuela, la niña le dijo a su hermano menor que quería jugar un juego nuevo con él.

A la niña, que se llamaba* Dansar, le gustaba mucho leer, y una de sus escritoras favoritas era Agatha Christie, que escribía historias de asesinatos, muertes misteriosas, y las subsecuentes investigaciones, ejecutadas efectivamente por el famoso detective ficticio Hercules Poirot.

Los eventos de las historias en esos libros pasaban en Inglaterra, en donde la gente toma tea and biscuits, que la niña entendía se traducía a “te con galletitas”, a pesar de que biscuits era mas familiar como la palabra que significa “bizcocho” en los Estados Unidos, y algo que la abuelita materna de los hermanos, a quienes ellos llamaban Tata, siempre preparaba para la cena de Nochebuena.

En fin, en esas novelas era común que las muertes se daban a través de un cruel envenenamiento con cianuro añadido a la comida o bebida de la víctima. Dansar pensó que sería interesante asesinar a su hermano de una manera similar, y así se lo comunicó.

El hermano, que se llamaba Blapo, quedó encantado con la idea de morir a manos de su hermana, y así fue que Dansar le dijo que la mesa del comedor era ahora un restaurante. Blapo entró al “restaurante” (abajo de la mesa, donde una caja de cartón había sido cubierta con una servilleta, sirviendo de mesa a su vez), y se sentó en donde el mesero (Dansar) le indicó que así lo hiciera. Solo había un lugar donde sentarse, así que el juego no era tan difícil.

El mesero se acercó a la mesa (Dansar se metió abajo de la misma) y le ofreció el menú al comensal. Solo había un plato en el mismo, que consistía en los susodichos té y galletitas. Así fue como el mesero trajo té (café instantáneo) y galletitas (saltinas), y las sirvió, esperando pacientemente que Blapo las comiera.

Efectivamente, el veneno surtió efecto después de unos segundos, y Blapo, después de agarrarse la garganta dramáticamente, y hacer varios sonidos ahogados, cayó sin vida sobre la “mesa”, mientras que el mesero sonreía malignamente. Dansar estaba satisfecha con el juego después de una vez, pero no contó con que su hermano disfrutara la muerte tan profundamente, que casi enseguida el mismo levantó la cabeza de la mesa, y le pidió que lo matara otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez….

*Los nombres verdaderos han sido cambiados para hacer pura lámpara.

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